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Terra
La Coctelera

HOMBRECITOS DE COLORES

 

 

 

Era mi mujer, una cosa muy linda, que cada mañana y en medio de la sala me hablaba de amor

Y sonreia a la vida en cada nevada y en la mesa sentada le cantaba al sol.

Y se le cubria el rostro de hermosura y de gracia y con la boca pintada reia y lloraba por cada ilusion.

Mariposa perdida que en medio de la bruma destrozó sus alas buscando la flor.

Senti su partida una tarde de enero y en un adios postrero se quebró mi voz.

Y llorando a su lado miraba su rostro y mientras se apagaba con las frases cortadas yo le dije adios...

INSPIRACION Y MUERTE

 

Morir solo, desnudo y acribillado

Con la mirada inclinada ante el espejo

Y en él la figura tensa y desubicada

De un ser beodo y derrotado.

 

Morir, porque es costumbre nuestra

Sin embargo, esta vez morir desvalijado

Morir sin un adios, sin una palabra cierta

Morirse porque es mejor que vivir pasmado.

 

Y entrar entonces en ese umbral imaginado

Como aquel que sonrie ante el pecado

Como ese miedo nervioso y fragil

Que se nos cuela entre los labios

 

Y buscar a nadie en el vacio

Deseando encontrarse desfragmentado

Y mirarnos a nosotros mismos

En medio de nuestra juventud idolatrados.

 

 

Morir despacio y sin embargo

En muy pocos estertores dejar la vida

Y penetrar en el misterioso espacio

de aquellas calaveras que nos envidian.

 

Cruzar silenciosos sus aposentos

Y en una gelida esquina acurrucarnos

Con los dedos cruzados sobre el muslo

Y un color verdoso entre las manos.

 

Sin esperar una compasion divina desahogarnos

Y luego sucumbir en el juzgado

De un ser superior que nos condena

A vivir mil años satirizados.

 

Y ver venir de subito a una poderosa esfinge

Y descubrir despues que es la muerte misma

Que nos lleva, que nos trae

Que sin motivo alguno nos humilla.

 

Y padecer entonces en nuestra condicion dc muertos

Sin una mano piadosa que nos cubra

Sin una madre, sin un clamor, una plegaria

Sin una mariposa en nuestra tumba.

 

Y ver desde afuera la sepultura

Y saber que alli yacemos compungidos

Bajo las inclemencias, la soledad, el viento

Enterrados para siempre en el olvido.

 

Ay! Que triste el artista se perfila

Que virtud profunda la que lo anima

A vivir muerto en el presente

Y despues morir viviendo en el pasado...

Humanus Habemus

 

Acerca de los cambios basados en el manifiesto humano.

Cambiar un aspecto de la actitud humana significa dejar morir el alma pretendiendo renacer de nuevo y he allí uno de los grandes dilemas de la creación. No es cuestión de ponerse a reflexionar sentado bajo la sombra de los arboles y levantarse con un nuevo pensamiento, cambiar nuestra conducta es una tarea titánica, algo así como derrumbar por completo una sólida estructura y tratar infructuosamente de construir otra. Se nace con una torcedura imposible de enderezar. Es un hilo de percal que vivirá en nosotros y al cual pretenderemos convertir en sirgo, pero es esa imperfección la que nos hará humanos, es esa mancha oscura en nuestro existir la que hará que actuemos con premeditación, que finjamos situaciones irreales y que nos avergoncemos de nuestros descalabros y nuestras desafinaciones. El ser humano es una criatura tierna pero con una sobredosis de maldad y corrupción insuperable. Cambiar eso significa perder la esencia del ser, penetrar de lleno y sin descaro por los vericuetos de la mediocridad, alterando nuestro rumbo, y llegando hasta la decadencia de aquello que pretendemos enaltecer. A un zapato desgastado le cambias los cordeles, le untas un poquito de color, le colocas dos parchos y sigue siendo el mismo zapato viejo. Eso no es superar el aspecto de ese calzado, eso es descender a lo imposible de las cosas, mejor seria levantar la frente, entrar de lleno en la cordura y asumir que existe un problema bárbaro, que no se resolverá hasta el día en que se adquieran unos botines nuevos.

Reconocer errores es propio del ser sensato, de aquel que busca aprender y mejorar con esos conocimientos, de aquel que actúa con lucidez, pero no del ser que busca la perfección, ese lamentablemente tendrá otro destino colmado de desatinos y flagelos, sera de esos seres que vagaron por una vida frívola y descarada plagada de falsas sensaciones y de inútiles desaciertos, y que terco en su actitud y ciego ante la razón, se empeña en escalar los muros de la sinrazón. Resbalando en medio de su torpeza y descendiendo a lo más profundo del abismo inmundo de su propio ser. Lamentable situación conflictiva y emocional que convierte en marioneta a ese ser que la padece y que solo sera analizada y reconocida en el filo de su dilatada existencia, en ese lapso lúgubre y breve de nuestra vida donde logramos ver con amargura aquello que jamas pudimos ver con sensatez.

Navega el hombre en un oasis de miseria y sonríe porque el ego; carácter grotesco y soberbio, le indica que lo está haciendo con distinción, entonces se vanagloria y aumentando la energía de su torcido pecho, se esmera y se perfila como el más necio de los criterios; situación penosa y decadente que ni siquiera llega a conquistar, porque en un mundo de realidades perversas e inconsistentes ser un autentico estúpido es también ser genio. Y en ese carrusel de equivocados pasos, danza y se confunde con seres que tienen el privilegio de contribuir en el enriquecimiento de la historia pero que rebotan porque se empeñan en cambiar al mundo, cuando ni siquiera saben como cambiarse ellos. La conducta emocional del individuo es un factor difícil de apaciguar y de conducir airoso con los lauros de la grandeza sobre las sienes, el pensamiento es espontáneo, la inteligencia es diversa y el carácter febril. Nada en este mundo tiene un verdadero concepto, todo es fruto de una realidad que vivimos sin ser en nada la realidad que pretendemos. El tiempo marca el compás de la creación, por lo cual todo capricho de la naturaleza es superior a toda genialidad humana, el hombre dispone de cinco minutos diarios de alta sabiduría, pero los derrocha en ideas triviales, porque el resto del día es en su intelecto una estela enorme de ignorancia, confusión y caos.

 

Por eso es muy importante ser cada uno, porque jamás lograremos ser más de lo que proyectamos. El superarse es propio de un carácter maduro y comprometido con la prosperidad de un intelecto febril y dotado de lucidez, pero recordemos que no se supera aquel que lee, sino aquel que entiende y transforma en beneficio lo que lee. Leer, reflexionar, aprender a escuchar, son herramientas solidas y beneficiosas, pero no nos aseguran un buen funcionamiento de nuestras facultades, habría que averiguar después de una buena lectura, que fue lo que entendió aquel individuo, pues podría suceder que teniendo la vista comprometida con las razones de un determinado párrafo, este su mente sumergida en el océano de un determinado caso, agreste y desequilibrado, que solo le trae ideas turbias y acordes a lo que es su realidad, entonces nos daríamos cuenta que no es necesario ser instruido, ni leer grandes enciclopedias para lograr cultivar un átomo de sabiduría en nuestro intelecto. Un sabio puede ser un observador obsesionado con la razón de la existencia, no exactamente aquel que sentado bajo el amparo de un manzano, lee a diario fabulosos magazines y afamados diarios.

Un individuo que avergonzándose de lo que es, trata de cubrir sus faltas, es un potencial hipócrita, un ser deforme que no tiene ningún compromiso con la sociedad en que vivimos, lograra su objetivo de vender una apariencia diferente, eso es algo obvio que no podemos discutir, ¿Pero quien le compro esa imagen?, a la gente no le interesa si vino o si fue, cada uno esta en la búsqueda de su propio yo, lo ideal seria que ese individuo en lugar de querer impresionar a su semejante, tuviese el don de querer impresionarse a si mismo, entonces si estaríamos hablando de un escalón más en el progreso humano, porque al comprender ese determinado ser, que ha cometido una falta en lugar de cubrirla con ese baño de escarcha que muy pronto se desvanecerá, lograría erradicarla de su interior, y librándose él, de semejante infamia estaría dando un paso importante en su crecimiento espiritual, que lo acercaría más al hombre y lo alejaría del mono. Y es que cuesta dolor reconocer nuestra realidad, es sumamente penoso y degradante reconocer que aun en pleno siglo XXI existen homosapiens en nuestra sociedad, ¿Y quienes son? Todos aquellos que aprovechandose de la decadencia humana, se divierten cometiendo abusos y atrocidades, seamos más claros y tratemos de acercar este concepto a todos los niveles culturales e intelectuales de la opinión publica. Un homosapiens es un ser con una actitud antisocial y un raciocinio pobre y censurable, y no tenemos que buscar en la esfera de la alta sociedad para identificar a estos seres, basta con estirar la mano en medio de la calle y señalar con el dedo, un homosapiens es el ladrón, el murmurador, el corrupto, el malhechor, el bravucón del barrio y en muchos casos hasta el catedrático y el barón de la santa iglesia, es todo ser que se mueve detrás de un telón turbio y deliciosamente sazonado con los ingredientes de la indecencia, que se escuda en el dolor ajeno y se agiganta en medio de la conciencia general, hundiendo con fiereza la punta de su paraguas en el fondo de la medula de la tragedia humana. Ah, pero cada fenómeno tiene su causa y cada morbo su finalidad, un ladrón es un ser censurable porque despoja de su integridad al transeúnte, pero hay muchas razones en ese extraño y detestable móvil, aquel que roba para comer ante los ojos del vulgo no tiene perdón, pero si la tiene ante la divina virtud de la redención, toda existencia es una acción bélica y hay que saber luchar para subsistir. ¿Pero donde esta la justificación de aquel que valiendose de un alto rango sustrae para complacer y enaltecer su propio ego? ¿De aquellos que se lucran sin más motivo que su perversa y desmedida ambición? ¿Tendrá razón manchar la conciencia hurtando todo aquello que es vedado? ¿O sera aceptable como excusa entender que existen seres sin conciencia? Todo esto es como observar un horizonte torcido y fuliginoso, es un panorama aterrador que no deseamos contemplar jamas, pero que sin embargo observamos en contra de nuestra voluntad, porque nacer y encontrar un mundo maravilloso es una mentira dolorosa que a deshora y para nuestro mal, nos encontramos en medio de nuestras quimeras.

No cambia el hombre su razón de ser, porque arrepentirse y reconocer nuestra falta es un paso enorme, imposible de lograr con nuestros zapatos rotos y deformados por el peso de nuestra maldad. Caminemos pues en medio de nuestras fatalidades y si nos recrimina alguno por nuestras faltas, digamos que si cambiaremos, aunque esa afirmación no nos la crea ni nuestra conciencia, que es enferma y contagiosa, al igual que nuestras ideas y nuestras ganas.

Hubo un mundo en el cual la inocencia era un vestido, pero lo desgarramos porque no queríamos seguir siendo niños, ambicionábamos ser grandes para rasgar con nuestras uñas ese destino cruel que era nuestra infancia, el tiempo se encargó de cristalizar ese deseo deforme de pretender alcanzar la madurez, sin entender que ser maduro es ser virtuoso, es cultivar un carácter dócil y refinado en el cual necesitamos un átomo de humildad para ser genios o una gota de estupidez para ser sátiros, por lo general se logra alcanzar la gota, porque en este mundo de insensibilidad y atropellos se llueve a cantaros, y corremos todos eufóricos y embriagados a empaparnos de esa agua y a manosearnos sin pudor y con desfachatez en medio de las calles. A veces nos sorprendemos en medio de la vía llorando las atrocidades y las injusticias de otros, juzgamos esos desatinos y criticamos la actitud grosera de los antisociales, sin darnos cuentas que lo mismo habremos de cometer más allá de aquel semáforo, y somos tan ciegos ante la realidad que aplaudimos hasta el delirio nuestro proceder, sin detenernos a estudiarlo y compararlo con la misma actitud que censuramos, todo acto desleal es genial si viene de nuestras manos, el elogio es un concepto raro que creamos para enaltecer nuestro propio ego, jamas pensamos que ese mismo ingenio nos causaría daño al verlo florecer en otro rostro y revestirse de laureles en otra piel. Ya no cambio, porque prefiero seguir pecando en mi condición precaria y desde el fondo de mis harapos, en medio de mi conducta veo mi falta y la acepto como un producto más de mi desgracia, entonces me río y me pierdo por los callejones de mi deterioro espiritual. Me dolería mucho pecar bajo la falda de la virtud, saber que dedique años de conocimientos y sacrificios para llegar a la cúspide y luego seguir pecando y cometiendo latrocinios como cuando era paria. A un ignorante se le perdona devorar con insistencia una manzana en medio de la misa, pero a un ser culto y refinado no se le perdona llevar la savia de esa manzana en la pulcritud de su corbata, el ignorante entiende poco de protocolos y mucho de hambres, al sabio también se le entiende padecer hambre, pero se le censura por no saber disimularla, pues hay manchas que no son necesarias verlas para saber que provienen del alma.

Fascinante sería no hacer de un mundo duro un mundo cruel.                                                                                                           

Candidez

 

Es la hora fúnebre en que todos duermen.

Mujer, hombre, demonio, grifo, soledad y hastío.

Otoño de bermellones que en hojas se disuelven.

Acaros que mordisquean los pétalos que perfumó el rocío.

 

 

-Es la hora fatídica de nuestro adiós- susurra un amante.

Y una doncella solloza sobre el ventanal sombrío.

Un sol de rayos enlutados se hunde entre las sombras vespertinas.

Y una mariposa que tose parece sumergirse en el vendaval del río.            

 

 

-Es la triste hora en que debo comenzar de nuevo-.

Murmura entre los escombros un reloj de arena.

Y desde el fondo melancólico de su tosco acento.

Un brillo opaco y ceniciento parece revelar su pena.

 

 

Pero allá a lo lejos; oculto entre los prados.

Un botón de primavera abre sus brazos al camino.

Porque a pesar de los dolores, del olvido y el desenfado.

En esa hora tan sublime ha nacido un niño.

Spleen

 

Basta con un fracaso rebotando en la memoria.

Y la ilusión de aquella niña se detendrá.

Se quedará hurgando entre las cosas.

En sus horas penosas de infinita soledad.

Basta con una cicatriz entre sus cejas.

Y su delicada belleza se marchitará.

Con una minúscula herida en su alma basta.

Para que entonces deje de soñar.

Con un alfiler de olvido envenenado.

Que perfore con saña su amoroso corazón.

Bastara para que fenezca la sensualidad, el garbo.

Y para que germine la madreselva de un dolor.

Basta con que uno tras otro lleguen los años.

Para que su dorada juventud comience a declinar.

Y para que vengan como melolontas contagiadas.

Sobre su piel tan clara las miserias a rodar.

Basta con que se atrase la primavera.

Para que pierda su amor por el rosal.

Para que llegue la muerte un día cualquiera.

Con una pena que se rompa bastará.

Pero si un lluvioso amanecer esa musa que palidece.

Buscase entre los recuerdos rotos y empolvados de los años.

El brillo primoroso de su mejor edad.

Expulsaría con frenesí sus amargos desengaños.

Y en lo más fecundo de su corazón lloroso.

Una flor venturosa ha de brotar.

Porque solo precisamos de una palabra mágica.

Para que vuelva la fortuna sus peldaños a escalar.

Bardella

 

Tu flor cansada de brillar

Sobre las cicatrices vagas

De mi mano ennegrecida

Se fue una tarde a la oscuridad

Y renunció a la vida...

 

Desde entonces tu flor

Dejó a mi piel sin su perfume.

Desde entonces mi amor

Como un niño huerfano de ternura

En medio del silencio se consume...

 

Pero yo se que tu flor

En algun lugar lejano floreciendo está

Bajo las gotas brumosas y escarlatas

De una tarde gélida y sepulcral

Donde revolotean las melolontas y se envejece el peral...

 

Si algún día para mi dolor

Tu flor buscase el consuelo

De algun ser enamorado que declamando sus versos va

Mi alma cicatrizada se quedaría sin aliento

Y se hundiría para morir en la más cruda soledad...

 

Pero aunque mi muerte se concrete la pena seguirá...

 

Y llegará la primavera con sus flores nuevas a brillar

Y volarán las golondrinas y rejuvenecerá el peral

Pero si no vuelve tu flor sus pétalos a mostrar

Tampoco volverán mis manos con sus dedos a pintar

Sobre la tarde engrisada tu esplendor crepuscular...

Aquella la que se murio en mis brazos...

Tenía en los ojos una pálida flor
que era el reflejo de aquel edén lejano,
sin embargo se murió en mis brazos
y con la piel vencida por el dolor la acarició mi mano.

Su risa de niña que tan alegre fue
se ahogó después, entre mi amargo llanto
y besando sus labios que se apagaban
se alejó en silencio la que quise tanto.

La noche; se abalanzó contra mi ser
arrancando de mi alma a la niña muerta
a la niña hermosa que feneció en mis manos
y que soñaba en secreto con un edén lejano.

Resignación para este pecho tan adolorido
he pedido sobre su cruz con triste desencanto
y he dejado sobre su lápida unos pétalos muertos;
los mismos pétalos que nuestro amor plantaron.

El sol sobre las uvas

Mañana entre las vides
cuando el rubio sol se funda en el ocaso
con tu cajón a cuestas; toda escueta y derrotada
recogerás las uvas que se adormecen sobre el parnaso.

Irás pisoteando el fértil suelo
con tu piel burlada por los desengaños
con la mirada gélida y vacía; como un pájaro
que se hundió en los vericuetos del pasado.

Amargos serán los racimos que aprisionen tus manos,
el sol todavía semi hundido en el crepúsculo
ya no los madurará tanto; y entonces llorarás,
cuan amapola triste que nació entre dos cardos.

Una voz misántropa y avinagrada
vendrá a recordarte antiguos desencantos
y vagarás llorosa por los campos
buscando aquel beso de ayer que se desvaneció en tus labios.

Y te preguntarás porque las noches y los días
mantienen todavía sus vestidos de verano
y al ver que nadie responderá tus dudas
el cielo se pondrá muy triste y te lo dirá llorando.

Y comprenderás que en tu corazón
aún cuelgan los trapos de aquella estéril primavera;
todos húmedos, sucios y desteñidos por el paso de los años,
en que envueltos en el pecado nos entregamos...