Acerca de los cambios basados en el manifiesto humano.
Cambiar un aspecto de la actitud humana significa dejar morir el alma pretendiendo renacer de nuevo y he allí uno de los grandes dilemas de la creación. No es cuestión de ponerse a reflexionar sentado bajo la sombra de los arboles y levantarse con un nuevo pensamiento, cambiar nuestra conducta es una tarea titánica, algo así como derrumbar por completo una sólida estructura y tratar infructuosamente de construir otra. Se nace con una torcedura imposible de enderezar. Es un hilo de percal que vivirá en nosotros y al cual pretenderemos convertir en sirgo, pero es esa imperfección la que nos hará humanos, es esa mancha oscura en nuestro existir la que hará que actuemos con premeditación, que finjamos situaciones irreales y que nos avergoncemos de nuestros descalabros y nuestras desafinaciones. El ser humano es una criatura tierna pero con una sobredosis de maldad y corrupción insuperable. Cambiar eso significa perder la esencia del ser, penetrar de lleno y sin descaro por los vericuetos de la mediocridad, alterando nuestro rumbo, y llegando hasta la decadencia de aquello que pretendemos enaltecer. A un zapato desgastado le cambias los cordeles, le untas un poquito de color, le colocas dos parchos y sigue siendo el mismo zapato viejo. Eso no es superar el aspecto de ese calzado, eso es descender a lo imposible de las cosas, mejor seria levantar la frente, entrar de lleno en la cordura y asumir que existe un problema bárbaro, que no se resolverá hasta el día en que se adquieran unos botines nuevos.
Reconocer errores es propio del ser sensato, de aquel que busca aprender y mejorar con esos conocimientos, de aquel que actúa con lucidez, pero no del ser que busca la perfección, ese lamentablemente tendrá otro destino colmado de desatinos y flagelos, sera de esos seres que vagaron por una vida frívola y descarada plagada de falsas sensaciones y de inútiles desaciertos, y que terco en su actitud y ciego ante la razón, se empeña en escalar los muros de la sinrazón. Resbalando en medio de su torpeza y descendiendo a lo más profundo del abismo inmundo de su propio ser. Lamentable situación conflictiva y emocional que convierte en marioneta a ese ser que la padece y que solo sera analizada y reconocida en el filo de su dilatada existencia, en ese lapso lúgubre y breve de nuestra vida donde logramos ver con amargura aquello que jamas pudimos ver con sensatez.
Navega el hombre en un oasis de miseria y sonríe porque el ego; carácter grotesco y soberbio, le indica que lo está haciendo con distinción, entonces se vanagloria y aumentando la energía de su torcido pecho, se esmera y se perfila como el más necio de los criterios; situación penosa y decadente que ni siquiera llega a conquistar, porque en un mundo de realidades perversas e inconsistentes ser un autentico estúpido es también ser genio. Y en ese carrusel de equivocados pasos, danza y se confunde con seres que tienen el privilegio de contribuir en el enriquecimiento de la historia pero que rebotan porque se empeñan en cambiar al mundo, cuando ni siquiera saben como cambiarse ellos. La conducta emocional del individuo es un factor difícil de apaciguar y de conducir airoso con los lauros de la grandeza sobre las sienes, el pensamiento es espontáneo, la inteligencia es diversa y el carácter febril. Nada en este mundo tiene un verdadero concepto, todo es fruto de una realidad que vivimos sin ser en nada la realidad que pretendemos. El tiempo marca el compás de la creación, por lo cual todo capricho de la naturaleza es superior a toda genialidad humana, el hombre dispone de cinco minutos diarios de alta sabiduría, pero los derrocha en ideas triviales, porque el resto del día es en su intelecto una estela enorme de ignorancia, confusión y caos.
Por eso es muy importante ser cada uno, porque jamás lograremos ser más de lo que proyectamos. El superarse es propio de un carácter maduro y comprometido con la prosperidad de un intelecto febril y dotado de lucidez, pero recordemos que no se supera aquel que lee, sino aquel que entiende y transforma en beneficio lo que lee. Leer, reflexionar, aprender a escuchar, son herramientas solidas y beneficiosas, pero no nos aseguran un buen funcionamiento de nuestras facultades, habría que averiguar después de una buena lectura, que fue lo que entendió aquel individuo, pues podría suceder que teniendo la vista comprometida con las razones de un determinado párrafo, este su mente sumergida en el océano de un determinado caso, agreste y desequilibrado, que solo le trae ideas turbias y acordes a lo que es su realidad, entonces nos daríamos cuenta que no es necesario ser instruido, ni leer grandes enciclopedias para lograr cultivar un átomo de sabiduría en nuestro intelecto. Un sabio puede ser un observador obsesionado con la razón de la existencia, no exactamente aquel que sentado bajo el amparo de un manzano, lee a diario fabulosos magazines y afamados diarios.
Un individuo que avergonzándose de lo que es, trata de cubrir sus faltas, es un potencial hipócrita, un ser deforme que no tiene ningún compromiso con la sociedad en que vivimos, lograra su objetivo de vender una apariencia diferente, eso es algo obvio que no podemos discutir, ¿Pero quien le compro esa imagen?, a la gente no le interesa si vino o si fue, cada uno esta en la búsqueda de su propio yo, lo ideal seria que ese individuo en lugar de querer impresionar a su semejante, tuviese el don de querer impresionarse a si mismo, entonces si estaríamos hablando de un escalón más en el progreso humano, porque al comprender ese determinado ser, que ha cometido una falta en lugar de cubrirla con ese baño de escarcha que muy pronto se desvanecerá, lograría erradicarla de su interior, y librándose él, de semejante infamia estaría dando un paso importante en su crecimiento espiritual, que lo acercaría más al hombre y lo alejaría del mono. Y es que cuesta dolor reconocer nuestra realidad, es sumamente penoso y degradante reconocer que aun en pleno siglo XXI existen homosapiens en nuestra sociedad, ¿Y quienes son? Todos aquellos que aprovechandose de la decadencia humana, se divierten cometiendo abusos y atrocidades, seamos más claros y tratemos de acercar este concepto a todos los niveles culturales e intelectuales de la opinión publica. Un homosapiens es un ser con una actitud antisocial y un raciocinio pobre y censurable, y no tenemos que buscar en la esfera de la alta sociedad para identificar a estos seres, basta con estirar la mano en medio de la calle y señalar con el dedo, un homosapiens es el ladrón, el murmurador, el corrupto, el malhechor, el bravucón del barrio y en muchos casos hasta el catedrático y el barón de la santa iglesia, es todo ser que se mueve detrás de un telón turbio y deliciosamente sazonado con los ingredientes de la indecencia, que se escuda en el dolor ajeno y se agiganta en medio de la conciencia general, hundiendo con fiereza la punta de su paraguas en el fondo de la medula de la tragedia humana. Ah, pero cada fenómeno tiene su causa y cada morbo su finalidad, un ladrón es un ser censurable porque despoja de su integridad al transeúnte, pero hay muchas razones en ese extraño y detestable móvil, aquel que roba para comer ante los ojos del vulgo no tiene perdón, pero si la tiene ante la divina virtud de la redención, toda existencia es una acción bélica y hay que saber luchar para subsistir. ¿Pero donde esta la justificación de aquel que valiendose de un alto rango sustrae para complacer y enaltecer su propio ego? ¿De aquellos que se lucran sin más motivo que su perversa y desmedida ambición? ¿Tendrá razón manchar la conciencia hurtando todo aquello que es vedado? ¿O sera aceptable como excusa entender que existen seres sin conciencia? Todo esto es como observar un horizonte torcido y fuliginoso, es un panorama aterrador que no deseamos contemplar jamas, pero que sin embargo observamos en contra de nuestra voluntad, porque nacer y encontrar un mundo maravilloso es una mentira dolorosa que a deshora y para nuestro mal, nos encontramos en medio de nuestras quimeras.
No cambia el hombre su razón de ser, porque arrepentirse y reconocer nuestra falta es un paso enorme, imposible de lograr con nuestros zapatos rotos y deformados por el peso de nuestra maldad. Caminemos pues en medio de nuestras fatalidades y si nos recrimina alguno por nuestras faltas, digamos que si cambiaremos, aunque esa afirmación no nos la crea ni nuestra conciencia, que es enferma y contagiosa, al igual que nuestras ideas y nuestras ganas.
Hubo un mundo en el cual la inocencia era un vestido, pero lo desgarramos porque no queríamos seguir siendo niños, ambicionábamos ser grandes para rasgar con nuestras uñas ese destino cruel que era nuestra infancia, el tiempo se encargó de cristalizar ese deseo deforme de pretender alcanzar la madurez, sin entender que ser maduro es ser virtuoso, es cultivar un carácter dócil y refinado en el cual necesitamos un átomo de humildad para ser genios o una gota de estupidez para ser sátiros, por lo general se logra alcanzar la gota, porque en este mundo de insensibilidad y atropellos se llueve a cantaros, y corremos todos eufóricos y embriagados a empaparnos de esa agua y a manosearnos sin pudor y con desfachatez en medio de las calles. A veces nos sorprendemos en medio de la vía llorando las atrocidades y las injusticias de otros, juzgamos esos desatinos y criticamos la actitud grosera de los antisociales, sin darnos cuentas que lo mismo habremos de cometer más allá de aquel semáforo, y somos tan ciegos ante la realidad que aplaudimos hasta el delirio nuestro proceder, sin detenernos a estudiarlo y compararlo con la misma actitud que censuramos, todo acto desleal es genial si viene de nuestras manos, el elogio es un concepto raro que creamos para enaltecer nuestro propio ego, jamas pensamos que ese mismo ingenio nos causaría daño al verlo florecer en otro rostro y revestirse de laureles en otra piel. Ya no cambio, porque prefiero seguir pecando en mi condición precaria y desde el fondo de mis harapos, en medio de mi conducta veo mi falta y la acepto como un producto más de mi desgracia, entonces me río y me pierdo por los callejones de mi deterioro espiritual. Me dolería mucho pecar bajo la falda de la virtud, saber que dedique años de conocimientos y sacrificios para llegar a la cúspide y luego seguir pecando y cometiendo latrocinios como cuando era paria. A un ignorante se le perdona devorar con insistencia una manzana en medio de la misa, pero a un ser culto y refinado no se le perdona llevar la savia de esa manzana en la pulcritud de su corbata, el ignorante entiende poco de protocolos y mucho de hambres, al sabio también se le entiende padecer hambre, pero se le censura por no saber disimularla, pues hay manchas que no son necesarias verlas para saber que provienen del alma.
Fascinante sería no hacer de un mundo duro un mundo cruel.